Cinco, cuatro, tres… Venezuela se abraza: rituales que despiertan el Año Nuevo
Por Deisy Terán Tosta
Mucho antes de que sonaran campanadas o se contaran uvas, los pueblos originarios del territorio que hoy llamamos Venezuela ya despedían los ciclos. Para nuestros ancestros indígenas, el fin de año estaba marcado por la luna, las cosechas y los cambios de estación. Se realizaban ceremonias para agradecer a la tierra, al agua y al sol, pidiendo protección y abundancia para el nuevo ciclo.
Con la llegada de los europeos, estas creencias se mezclaron con tradiciones españolas y africanas: velas, rezos, comidas simbólicas y celebraciones familiares. Así nació ese mosaico de rituales que hoy definen el 31 de diciembre venezolano: una herencia viva que se adapta, pero no se pierde.
Cuando faltan cinco para las doce
En cualquier rincón del país ocurre lo mismo. La televisión baja el volumen, alguien mira el reloj, otro avisa en voz alta:
—¡Faltan cinco!
Cinco segundos en los que se aprietan las manos, se cierran los ojos, se piensa en lo perdido y en lo que se quiere volver a encontrar. Cuatro… tres… dos… uno…
Y entonces, el abrazo. Largo. Necesario. De esos que dicen “lo logramos”.
Hay un sonido que anuncia oficialmente el Año Nuevo en Venezuela: Billo’s Caracas Boys. En casas, edificios, plazas y calles, su música marca el inicio del nuevo ciclo. “Año Nuevo, vida nueva” no es solo una canción: es un ritual sonoro que une generaciones.
Mientras Billo’s suena, se brindan copas, se cuentan uvas, se repiten promesas y se sueltan risas. Es el instante en el que el país se reconoce a sí mismo.
Un recorrido por los rituales del país
Caracas y la región central
Aquí se combinan las doce uvas, las maletas para atraer viajes y la tradición de barrer la casa hacia afuera para despedir lo malo. El amarillo domina la escena como símbolo de prosperidad.
Zulia
El año se recibe con fe y fiesta. Muchos escriben deseos y los queman a medianoche; otros rezan agradeciendo lo vivido. La celebración es intensa y profundamente familiar.
Los Andes
En Mérida y Trujillo, el cierre del año es más íntimo. Velas, oraciones y silencio. Se agradece antes de pedir. El frío acompaña la esperanza.
Los Llanos
Aquí no falta la abundancia en la mesa ni las lentejas como símbolo de prosperidad. El Año Nuevo se recibe bailando, con música y comunidad.
Oriente y las costas
El mar se convierte en testigo. Hay quienes lanzan flores o deseos al agua, buscando renovación y protección. Otros esperan las doce con los pies descalzos sobre la arena.
Fuegos artificiales: luces que espantan lo malo
Cuando el reloj marca la medianoche, el cielo venezolano se ilumina. Los fuegos artificiales no solo celebran: simbólicamente espantan lo negativo y anuncian nuevos comienzos. En ciudades y pueblos, el estruendo se mezcla con risas, música y aplausos.
Más que supersticiones, actos de fe
Los rituales del 31 de diciembre no son simples costumbres. Son pequeños actos de resistencia emocional. Comer uvas, correr con una maleta, encender una vela o escuchar a Billo’s es, en el fondo, una manera de decir: seguimos creyendo.
Hoy quise, con esta nota, invitarte a recorrer Venezuela en esa noche suspendida entre el ayer y el mañana. Viajar por el país en la víspera de Año Nuevo es descubrir que, aunque los rituales cambien y los tiempos se transformen, el anhelo permanece intacto desde nuestros ancestros: cerrar ciclos, agradecer lo vivido y atrevernos, una vez más, a comenzar de nuevo con esperanza.
Porque cuando el Año Nuevo llega, Venezuela no solo cambia de calendario… se vuelve a abrazar.
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