Alexis Montilla convirtió los sueños en destino y dejó un legado eterno en el turismo venezolano
Hay personas que no solo construyen lugares… construyen emociones. De esas que se quedan contigo incluso cuando el tiempo pasa. Alexis Montilla fue uno de ellos. Por Deisy Terán Tosta Hoy, hablar de su partida no es solo hablar de ausencia. Es hablar de un vacío que se siente en la montaña, en las carreteras, en esos espacios donde Venezuela aprendió a mirarse con orgullo. Porque él no hizo turismo. Él le dio alma al turismo. Nacido en 1944, en la sencillez de Chachopo, su historia comenzó lejos de cualquier privilegio. Fue vendedor de artesanía, mesonero, un hombre que entendió desde abajo lo que significa trabajar, insistir y creer. Y quizás por eso logró algo que no todos consiguen: transformar la cotidianidad en experiencia, lo simple en extraordinario. Dicen que todo empezó con “El Caney” , un pequeño restaurante en la carretera trasandina. A las tres de la mañana, un camión que iba hacia Barinas se detenía… y ahí, en ese gesto cotidiano, empezó a escribirse una historia...