Dos postres para el fin de semana: recetas que se saborean sin prisa
Por Deisy Terán Tosta
El fin de semana no siempre necesita maletas. A veces basta encender el horno, abrir la despensa y permitir que el aroma del azúcar y la mantequilla nos recuerde que el descanso también se cocina. El chef Willman Escalona comparte dos postres que combinan tradición y emoción para convertir cualquier sábado en una experiencia memorable.
Quesillo tradicional venezolano: el abrazo dulce de siempre
Hay postres que no necesitan presentación. El quesillo es uno de ellos. Presente en cumpleaños, celebraciones familiares y sobremesas largas, este clásico venezolano es sinónimo de hogar.
“El quesillo no es solo flan. Es reunión, es domingo, es historia servida en un plato”, afirma el chef Escalona.
Ingredientes:
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5 huevos
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1 lata de leche condensada
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La misma medida de leche líquida
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1 cucharadita de vainilla
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1 taza de azúcar (para el caramelo)
Preparación:
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Derrite el azúcar a fuego medio hasta lograr un caramelo dorado y cúbre el molde.
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Licúa huevos, leche condensada, leche líquida y vainilla.
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Vierte la mezcla en el molde acaramelado.
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Cocina a baño de María durante 45–60 minutos.
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Deja enfriar y refrigera antes de desmoldar.
Tip del chef:
“No batas en exceso los huevos. El secreto del quesillo perfecto está en su textura suave y sin burbujas.”
Torta húmeda de chocolate criollo: intensidad que reconforta
Si el fin de semana tuviera sabor, sería chocolate. Profundo, cálido y ligeramente nostálgico.
“El chocolate conecta con la emoción inmediata. Es placer, pero también memoria”, explica Escalona.
Ingredientes:
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200 g de chocolate oscuro
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150 g de mantequilla
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1 taza de azúcar
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3 huevos
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¾ taza de harina
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1 cucharadita de polvo de hornear
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1 pizca de sal
Preparación:
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Derrite el chocolate con la mantequilla a baño de María.
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Añade el azúcar y mezcla.
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Incorpora los huevos uno a uno.
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Agrega harina, polvo de hornear y sal.
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Hornea a 180°C por 30–35 minutos.
Debe quedar ligeramente húmeda en el centro.
Tip del chef:
“No la sobrehornees. La magia está en ese interior suave que casi se funde.”
Ambos postres tienen algo en común: invitan a detenernos. En un mundo acelerado, preparar un dulce en casa es una forma de turismo emocional. Es viajar hacia nuestras raíces, hacia las sobremesas largas, hacia la cocina donde siempre había alguien revolviendo una olla.
Porque a veces el mejor destino del fin de semana es la mesa.

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