Ruta sorpresa: me perdí… y estuvo mejor así

 


Hay viajes que se planean. Y hay otros que se equivocan.

Por Deisy Terán Tosta 

Este empezó como todos: carretera, café en la mano y la seguridad —falsa, por supuesto— de saber exactamente a dónde iba.

Pero la carretera venezolana tiene su propia personalidad. A veces te guiña un ojo, otras te lanza una curva inesperada. Y en algún punto entre un letrero medio torcido y una decisión tomada demasiado rápido… me perdí.

Lo curioso es que el cuerpo lo notó antes que el mapa.

Cuando el camino cambia sin avisar

La carretera dejó de ser la que yo esperaba. El paisaje también.
Menos carros. Más silencio. Más montaña.

Y ese momento raro en el que uno piensa:
“Bueno… ya que estamos aquí”.

Bajé la velocidad. Bajé la ventana. Y dejé que el camino hiciera lo suyo.

Los lugares que no salen en las guías

Hay pueblos que no tienen página web, ni influencers, ni listas de “imperdibles”.
Pero tienen algo más poderoso: vida real.

Una plaza pequeña con un árbol viejo en el centro.
Una señora vendiendo empanadas desde una ventana.
Un perro que parece conocer a todo el mundo.

No había plan. Y por eso mismo funcionaba.

Comer donde no estaba previsto

En la carretera uno aprende algo importante:
si un lugar huele bien… se para.

Fue así como terminé sentado frente a un plato que no estaba en ninguna agenda. Comida sencilla, de esa que no intenta impresionar, solo alimentar.

Y lo logró.

A veces los mejores sabores aparecen cuando uno deja de buscar.

Caminar sin saber el nombre del lugar

Salí a caminar sin saber exactamente dónde estaba.
Y fue liberador.

No había que marcar nada en el mapa, ni hacer fotos perfectas. Solo caminar, mirar, saludar a desconocidos que igual te devuelven el saludo.

Es curioso: cuando uno se pierde, también se quita la presión de “aprovechar el viaje”.

Entonces aparece algo raro… el disfrute.

Epílogo con polvo de carretera

Al final sí encontré la vía correcta.
Pero para ser honesta, ya no tenía tanta prisa.

Porque esa parada inesperada me recordó algo que el turismo moderno a veces olvida: los viajes más memorables no siempre son los mejor planificados.

Son los que se equivocan un poco.

Así que si algún día estás en carretera y el GPS decide ponerse creativo… no te desesperes.

Baja la velocidad.
Mira alrededor.
Y déjate sorprender.

Porque a veces perderse…
es exactamente lo que el viaje necesitaba.

Y cuando el cuerpo dice “sí”…
hasta el error se vuelve destino.

Comentarios

  1. Muy objetiva tu narración, y de como debemos asumir los imprevistos y no perder la calma para resolver cualquier situación , volviéndolo positiva.

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