El día en que el home plate fue Venezuela
Hay jonrones que se gritan. Y hay otros que se lloran.
Por Deisy Terán Tosta
Tengo que confesar algo: el deporte no es lo mío. Si me preguntas por estadísticas o alineaciones, probablemente me quede en blanco. No soy la que sigue la temporada día a día.
Pero hay momentos en que el deporte deja de ser un juego y se convierte en país.
Y cuando Venezuela es la protagonista, cuando el uniforme lleva esas letras en el pecho… entonces no hay excusa. Hay que hablarlo. Y sobre todo, hay que celebrarlo.
El estadio más grande del mundo
Lo que pasó no se quedó solo entre las rayas del campo. El orgullo venezolano no conoce fronteras, y esta vez, el mapa se nos quedó pequeño. Gracias a la diáspora, no hubo rincón en el mundo donde no se escuchara un "¡Vamos muchachos!", "Arepa Power".
En las plazas de las ciudades se reunieron bufandas tricolores. Gente que no se conocía se abrazó como familia. Y en las casas, los que seguían allí, el televisor era el centro del universo.
Lo curioso es que la victoria ya estaba ganada antes del último out.
El triunfo antes del triunfo
Ya estábamos celebrando. Porque esto es más que un marcador.
Es el recordatorio de que en Venezuela las cosas están cambiando. De que estamos volviendo a ser reconocidos por ese talento que nos es innato.
Verlos ahí, uniformados, grandes, nos hizo sentir grandes a todos. Es ese orgullo que te infla el pecho y te pone la piel de gallina, aunque no entiendas muy bien la regla del infield fly.
La logística de la emoción
Por supuesto, un juego así no se ve solo. Estaba la cerveza fría —indispensable—, los snacks sobre la mesa, y esa empatía mágica del venezolano. Ese superpoder que tenemos de celebrar con el desconocido que tienes al lado como si fuera tu hermano de toda la vida.
Gritos, lágrimas y el "día después"
Esas fueron las sensaciones. Montañas rusas de emociones que nos unieron a todos en una sola voz. Gritos que rasparon gargantas y lágrimas que limpiaron los ojos.
Y como buenos venezolanos, el decreto no se hizo esperar: hoy es día no laboral. Porque la rumba sigue, porque la alegría es demasiada para guardársela un solo día.
Epílogo con sabor a victoria
Venezuela hoy celebra su talento. Celebra ser reconocida por lo bueno. Celebra esa hermandad que a veces olvidamos pero que el béisbol nos devuelve de un batazo.
Al final, con el corazón todavía acelerado, todos —absolutamente todos, hasta yo que no entiendo el juego— no dejamos de sentirnos ganadores.
Porque a veces no hace falta saber de deportes… para saber lo que se siente ser campeón.
Y cuando Venezuela juega… el triunfo es de todos
Comentarios
Publicar un comentario