Febrero: el mes pequeño que nunca pasa desapercibido

 


Febrero siempre entra bajito. Como si pidiera permiso.
Pero no se dejen engañar: este mes no vino a rellenar calendario, vino a moverlo.

Por Deisy Terán Tosta

Es el más corto del año, sí. Apenas 28 días —29 cuando se pone generoso— y, sin embargo, parece tener más carácter que muchos meses largos y desordenados. Hay algo en febrero que se siente distinto. Como si supiera que tiene poco tiempo y decidiera vivirlo sin pausa.

El mes que nació incompleto

La historia dice que quedó con menos días desde tiempos de Julio César, cuando reorganizó el calendario romano. Más tarde, el calendario ajustado por Papa Gregorio XIII lo dejó así: corto, preciso, con un día extra cada cuatro años para que la Tierra no se desordene.

Pero más allá de la astronomía, febrero parece tener una personalidad clara: vive rápido, celebra fuerte y se va sin hacer ruido.

Carnaval: cuando el país se desordena bonito

En Venezuela, febrero huele a pintura facial, a música alta, a calle viva. Es temporada de Carnaval, y eso se siente en el cuerpo.

En Carnaval de El Callao, el ritmo no camina: baila.
En los Carnavales de Carúpano, la alegría se organiza en comparsas.
En Carnaval de Puerto Cabello, el mar observa cómo el pueblo se disfraza.

Febrero es ese momento del año donde uno entiende que la vida también necesita desorden, risa y música que suene más alto que las preocupaciones.

La fe también tiene su espacio

El 2 de febrero, muchas comunidades celebran a la Virgen de la Candelaria.
Procesiones, promesas, velas encendidas. En pueblos andinos y ciudades del país, la fe se mezcla con tradición y encuentro familiar.

No es un espectáculo. Es un rito. Y febrero sabe combinar lo festivo con lo profundo sin pedir disculpas.

Amor, conciencia y memoria

El 14 de febrero el mundo entero se vuelve un poco más cursi y un poco más atento. Flores, cenas, chocolates. Pero también conversaciones pendientes y afectos que se dicen sin ironía.

Febrero además trae días que nos invitan a pensar: la justicia social, la lengua materna, la lucha contra el cáncer. Es un mes que abraza y cuestiona al mismo tiempo.

Pequeño, pero completo.

Lo que se come cuando el calendario se acelera

En febrero se come distinto.
Se come en la calle, en reunión, en comparsa. Se come sin dieta estricta porque “es Carnaval”. Se brinda más. Se comparte más.

  • Empanadas en la playa.
  • Cocadas frías bajo el sol.
  • Sopas familiares que saben a reunión.

Febrero no tiene un plato oficial, pero tiene una actitud gastronómica clara: celebrar.

Epílogo corto (como él)

Quizá febrero dura menos porque entiende algo que a nosotros se nos olvida: no hace falta mucho tiempo para dejar huella.

Es el mes que nos recuerda que el año ya empezó en serio. Que los propósitos deben caminar. Que el cuerpo necesita bailar. Que la fe necesita espacio. Que el amor no puede esperar a diciembre.

Febrero no grita. Pero tampoco pasa desapercibido.

Y cuando termina, uno siente que algo se movió. Aunque solo hayan sido 28 días.

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