Diciembre también duele: cuando la Navidad nos invita a viajar hacia adentro
En medio de luces, mesas servidas y canciones que se repiten cada año, diciembre también puede ser un mes que pesa. Esta no es una nota sobre destinos ni recetas, sino sobre ese viaje silencioso que muchos hacemos en Navidad: mirarnos por dentro, aceptar lo que sentimos y entender que no siempre estar bien también es parte del bienestar.
Por Deisy Terán Tosta
Cada año, cuando el calendario marca diciembre, pareciera que el mundo entero se pone de acuerdo para recordarnos cómo “debería” sentirse la Navidad. Y si no encajamos en esa imagen, algo dentro de nosotros se pregunta en silencio: ¿qué me pasa?, ¿por qué no lo siento igual?, ¿por qué me cuesta tanto este mes?
Hoy quiero hablarte desde ese lugar. Desde la honestidad. Desde la nostalgia. Desde lo humano.
Porque mientras algunos celebran, otros recuerdan.
Mientras unos brindan, otros extrañan.
Y mientras el país se llena de música, hay corazones que solo buscan un poco de calma.
Extrañar en Navidad no es debilidad
Diciembre tiene una forma particular de traer de vuelta lo que creíamos guardado. Personas que ya no están, mesas que quedaron incompletas, risas que hoy solo viven en la memoria. Y entonces llegan las preguntas incómodas:
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¿Por qué esta Navidad no se siente igual?
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¿En qué momento todo cambió?
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¿Cuándo fue la última vez que estuvimos todos?
Extrañar no significa que estés fallando en ser feliz. Extrañar significa que amaste, que viviste, que compartiste. Y eso también es parte de la historia que llevas contigo.
En Destinos y Sabor Venezolano solemos hablar de viajes, de sabores que nos conectan con la infancia, de platos que saben a hogar. Hoy quiero decirte que hay viajes que no tienen maleta, y que la nostalgia también es una forma de volver a casa.
La Navidad no siempre es alegría (y eso está bien)
Poco se habla de esto, pero la Navidad también puede ser cansancio emocional. A veces seguimos celebrando por inercia, por tradición, por no romper la ilusión de otros, mientras por dentro solo queremos que el mes termine.
Y entonces aparece la culpa:
Culpa por no sentirnos agradecidos.
Culpa por no disfrutar.
Culpa por no estar “bien”.
Pero déjame decirte algo importante: no siempre sentirse feliz es sinónimo de bienestar. A veces, estar bien es simplemente reconocerte, escucharte y darte permiso para sentir lo que estás sintiendo.
Pequeños gestos para cerrar el año con más compasión
No tengo fórmulas mágicas. Yo también me hago estas preguntas. Pero he aprendido que hay pequeños rituales que ayudan a atravesar diciembre con más suavidad:
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Baja las expectativas: no tienes que vivir una Navidad perfecta para que sea válida.
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Crea tus propios rituales: una caminata, una taza de café en silencio, una canción que te abrace.
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Honra tus ausencias: recordar no es quedarse atrás, es reconocer lo que fue importante.
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Habla contigo con más amor: no todo se sana en un mes, ni en un año.
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Permítete empezar lento: enero no exige certezas, solo intención.
Seguir adelante cuando duele, sentarte a la mesa aunque falte alguien, cerrar el año sin respuestas claras… todo eso también es fortaleza. No siempre lo veremos así, pero lo es.
Si hoy esta lectura te removió algo, quiero que sepas que no estás solo. Que sentirse así es más común de lo que creemos. Y que, aunque no sea fácil, poco a poco se puede, empezando por uno mismo, con paciencia y con verdad.
A veces, el destino más importante no es un lugar que visitamos, sino el espacio interno donde aprendemos a tratarnos mejor.
Y si esta Navidad no se parece a las anteriores, tal vez no sea una pérdida…
Tal vez sea una nueva forma de entenderte.

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