Rutas del café venezolano: donde el ron también se sirve como tradición
Hay viajes que no se miden en kilómetros, sino en aromas. En Venezuela, uno de ellos comienza con el sonido del café colándose al amanecer y termina con un chorrito de ron que calienta las manos y el alma. Así, entre montañas, pueblos cafeteros y conversaciones sin prisa, nace una de las costumbres más entrañables del país: el café con ron.
Por Deisy Terán Tosta
Este ritual sencillo, heredado de generación en generación, forma parte de la vida cotidiana en muchas regiones donde el café no es solo un cultivo, sino una forma de identidad. En las rutas cafeteras de los Andes, en los pueblos de Lara, Portuguesa, Táchira o Mérida, el café se bebe con respeto, y cuando el clima aprieta o la jornada ha sido larga, el ron aparece como compañero natural.
Un sorbo con muchos nombres
Lo curioso es que este café no se llama igual en todas partes. Cada región, cada casa y cada viajero le ha dado su propio nombre, cargado de picardía e historia:
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Carajillo: quizá el más conocido, de herencia española, donde el café fuerte se mezcla con ron para “dar coraje”.
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Café con piquete: popular en zonas rurales, donde el ron se añade casi en secreto.
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Café cargado o café alegre: nombres que hablan por sí solos y anuncian conversación larga.
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Guayoyo con ron: versión más suave, típica de mañanas frías en pueblos de montaña.
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Café montañero: como lo llaman algunos productores, preparado al calor del fogón, luego de la faena.
Más allá del nombre, el gesto se repite: café recién hecho, ron venezolano, una pausa y una historia que contar.
Rutas donde el café se vive
Recorrer las rutas del café en Venezuela es descubrir fincas familiares, caminos verdes y pueblos donde el tiempo parece detenerse. En estos trayectos, el café con ron no es una bebida turística, es parte de la hospitalidad. Se ofrece al visitante como bienvenida, como agradecimiento o simplemente como excusa para sentarse a conversar.
En los Andes, después de caminar entre sembradíos o visitar un beneficio artesanal, este café ayuda a espantar el frío. En Lara y Portuguesa, acompaña tardes de charla bajo la sombra. En cada lugar, el sabor cambia según el grano, el tostado, el agua… y el ron.
Más que una bebida, un momento
El café con ron no busca sofisticación, busca compañía. Es un ritual que invita a bajar el ritmo, a escuchar historias de cosechas, de viajes, de familias que han vivido del café por décadas. Para muchos viajeros, descubrirlo es entender que la gastronomía venezolana no solo se sirve en platos, también se bebe en pequeñas tazas cargadas de memoria.
Porque en Venezuela, tomar café con ron no es exceso: es tradición. Es paisaje. Es camino.
Y quizás, la mejor manera de conocer un país sea así: deteniéndose a tomar un café, escuchando al que lo prepara y dejando que el viaje continúe, sorbo a sorbo.

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