Cuando el mundo se sacude, volver a casa también es un viaje

 


Hay momentos en los que el cuerpo está en casa, pero la mente anda lejos. Se siente un nudo en el pecho, el pensamiento corre más rápido que los días y la incertidumbre pesa. En tiempos así, viajar no siempre implica salir; a veces el recorrido más importante es hacia adentro, hacia lo que nos sostiene, nos calma y nos recuerda que seguimos aquí.

Por Deisy Terán Tosta 

Vivimos días en los que la ansiedad aparece sin aviso, el sueño se interrumpe y el corazón se acelera por pensamientos que no siempre sabemos explicar. No siempre está ligado a un lugar ni a una noticia puntual; es una sensación difusa que se va instalando poco a poco en el día a día. Reconocerla, ponerle nombre y no negarla, ya es un primer y valioso acto de valentía.

La salud mental también necesita espacios seguros, pausas conscientes y pequeños rituales que nos devuelvan estabilidad. En este momento, la calma es prioridad.

Hoy, más que nunca, la casa puede convertirse en un destino. No como encierro, sino como abrigo. Preparar la mesa, ordenar un espacio, abrir una ventana, permitir que entre la luz. Son gestos simples que ayudan a la mente a entender que estamos a salvo.

Aquí aparece la gastronomía como aliada emocional: cocinar no solo alimenta, también organiza pensamientos, conecta con recuerdos y nos ancla al presente.

Cocinar para sanar

Hacer una sopa caliente, colar café sin prisa, preparar una arepa, un arroz con lo que hay, hornear algo sencillo. No se trata de recetas elaboradas, sino de cocinar con intención.

El aroma que invade la casa, el sonido de la olla, el acto de sentarse a comer —solo o acompañado— es una forma silenciosa de autocuidado. Comer despacio también es una manera de decirnos: “estoy aquí”.

Pequeñas gotas de bienestar 

  • Respirar antes de reaccionar: tres respiraciones profundas pueden cambiar el ritmo del día.

  • Bajar el consumo de información: no todo necesita ser leído de inmediato.

  • Rutinas suaves: horarios flexibles, pero con estructura.

  • Hablarlo: compartir lo que sentimos alivia.

  • Aceptar emociones: no hay que estar bien todo el tiempo, y eso también es normal.

Turismo emocional: viajar sin moverse

El turismo emocional no requiere maletas. Es volver a sabores que reconfortan, a música que acompaña, a conversaciones que sostienen. Es recordar que hay viajes internos que también cuentan.

Hoy no se trata de llegar lejos, sino de mantener el equilibrio. De elegir la calma, el cuidado y la pausa consciente.

Quedarnos en casa, cuidarnos y bajar el ritmo no es rendirse: es resistir con amor propio. Paso a paso, cucharada a cucharada, respiración a respiración. Porque incluso en los momentos difíciles, el bienestar también se construye desde lo simple.


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