Cuando la mente pide pausa: pequeñas rutas para acompañar la depresión
En tiempos donde la ansiedad parece respirarnos en la nuca y la tristeza se instala sin pedir permiso, aprender a escucharnos también se convierte en un acto de viaje. Hoy más que nunca, el bienestar se construye desde adentro, con pequeñas prácticas que podemos realizar en casa, en compañía o en solitario, usando la magia del turismo emocional y la gastronomía como herramientas para reencontrarnos.
Por Deisy Terán Tosta
En un país donde la frase “tú puedes” se convirtió casi en consigna nacional, aceptar que algo no anda bien emocionalmente puede sentirse como una derrota.
Pero no lo es.
La depresión —esa tristeza profunda que no se mueve ni con esfuerzo— y la ansiedad —ese torbellino que no deja respirar— no distinguen edad, clase social ni estado del país.
A veces llegan despacio.
A veces golpean de frente.
Y de pronto, nos descubrimos diciendo:
“No tengo ganas de nada.”
“Me siento apagado.”
“Me da miedo el futuro.”
Nombrarlo no te hace débil. Te hace consciente. Y desde esa consciencia, comienza otro tipo de viaje.
Viajar sin salir de casa (y sin culpa)
Cuando no hay fuerza para recorrer kilómetros, podemos recorrer emociones.
El turismo emocional invita a explorar lugares cercanos —o incluso rincones de nuestra propia casa— que generen calma, memoria, arraigo o motivación.
Puede ser tan sencillo como:
-
sentarte en tu balcón y escuchar los sonidos,
-
caminar por tu cuadra respirando profundo,
-
redescubrir un espacio olvidado de tu hogar,
-
abrir una ventana y permitir que entre luz,
-
encender una vela y crear ambiente.
A veces, viajar es simplemente cambiar de aire mental.
Un abrazo servido en plato
En momentos de crisis emocional, el cuerpo pide refugio. Y aunque la comida no es terapia, sí puede convertirse en un ritual de bienestar.
Preparar un café con calma, amasar arepas, cortar vegetales, hacer un caldito… todo esto activa el sentido de pertenencia y reduce la ansiedad.
Algunas pequeñas prácticas que ayudan:
-
Cocinar algo sencillo que te recuerde a casa.
-
Hacer un desayuno más lento los domingos.
-
Preparar un postre que te conecte con un recuerdo feliz.
-
Comer acompañado, aunque sea por videollamada.
En la cocina también se viaja. Se recuerda.Se sana un poco.
Actividades de bienestar para días difíciles
No necesitas grandes rutinas. Solo pequeñas acciones repetidas con cariño:
✦ Ritual de 5 minutos
Respira profundo, estira los brazos, agradece algo mínimo. Si no te sale agradecer, respira.
Eso también cuenta.
✦ Tu propio “spa casero”
Un baño caliente. Música suave. Cerrar los ojos un momento.Es válido.
✦ Caminar sin prisa
Aunque sea dentro de la casa. Mover el cuerpo calma la mente.
✦ Ordenar un rincón
Un solo cajón, una mesa, una repisa. El orden externo baja la ansiedad interna.
✦ Llamar a alguien seguro
No para hablar “del problema”, sino para sentir compañía. La soledad no es buena aliada en estos días.
Cómo saber si necesitas pedir ayuda
Si has sentido varios de estos puntos por más de dos semanas: desmotivación, agotamiento extremo, pensamientos negativos recurrentes, pérdida de apetito o exceso de sueño, ansiedad constante, es momento de buscar apoyo profesional.
No estás solo. No eres una carga. Tu salud mental importa.
Hoy, más que nunca, abrázate
La depresión no define quién eres. La ansiedad no es tu identidad.
Eres historia, memoria, caminos recorridos, sabores que te hicieron sonreír, abrazos que aún te acompañan en silencio. Eres posibilidad, incluso cuando no lo ves. Y si hoy el mundo se siente oscuro, recuerda:
No siempre hay que ser fuerte. A veces solo hace falta seguir respirando.
Poco a poco.
A tu ritmo.
Con pequeñas rutas de luz, de sabor y de calma que te lleven, día a día, de regreso a ti.

Comentarios
Publicar un comentario