Día de Reyes y la dulzura del Roscón que cierra la Navidad

 


En Venezuela, el Día de Reyes no marca solo el final de la Navidad: es un puente entre la fe, las costumbres heredadas y esos pequeños rituales que nos llenan de ilusión. Desde las marcas de los Reyes Magos en los hogares hasta el aroma de un roscón que reúne a la familia, cada gesto trae consigo un toque de nostalgia y la sensación de que, pese a todo, siempre es posible comenzar de nuevo.

Por Deisy Terán Tosta

El 6 de enero, celebrado desde la Edad Media en Europa, llegó a América con la colonización y rápidamente se mezcló con la identidad venezolana. Aunque es una tradición más arraigada en España, México y Puerto Rico, en Venezuela tomó su propio color: sencillo, emotivo, íntimo… muy nuestro.

Aquí, los niños dejaban sus zapatos la noche anterior para que los Reyes Magos –Melchor, Gaspar y Baltasar– dejaran un pequeño obsequio. A falta de camellos, algunos colocaban agua y pasto para “los animalitos”.
Otros simplemente escribían una carta pidiendo bendiciones o protección para el año recién estrenado.

Y aunque hoy la tradición no es tan masiva, en muchos hogares todavía se conserva la magia.

Un ritual que permanece: bendecir la casa con las iniciales de los Reyes Magos

Una costumbre que sigue viva, especialmente en los Andes y algunas zonas del centro del país, es la bendición del hogar escribiendo sobre la puerta de la entrada:

20 + C + M + B + 26
(o el año correspondiente)

Las letras tienen doble significado:

  • C, M y B por Caspar, Melchior y Balthasar

  • y también por “Christus Mansionem Benedicat” (“Cristo bendiga esta casa”).

Este gesto, heredado de tradiciones europeas, simboliza protección, prosperidad y la invitación a que el hogar siga siendo lugar de unión, luz y esperanza.

Los mitos y otros rituales que el venezolano ha hecho suyos

Creativo por naturaleza, también adoptó y adaptó costumbres que hoy conviven con la festividad:

Los regalos pequeños: más sencillos que los de Navidad, como símbolo de humildad.
Las visitas familiares: se dice que quien abre las puertas ese día atraerá la unión durante todo el año.
Las comidas dulces: porque recibir el año “con azúcar” augura un ciclo más amable.
Encender una vela blanca: para pedir claridad y protección espiritual.
Marcar los cuartos con incienso o mirra: una adaptación casera del simbolismo de los dones reales.

Tradiciones que mezclan fe, cultura y esa creatividad venezolana que nunca falta.

Tour del sabor: el Roscón de Reyes, un viaje gastronómico con historia

El famoso Roscón de Reyes, o Rosca, nació en Europa como un pan dulce circular que representaba eternidad y celebración.

Con frutas confitadas para simbolizar las joyas reales y un aroma que llena la casa, este postre cruzó fronteras hasta convertirse en un clásico del 6 de enero. En Venezuela, aunque no es tan masivo como en España, cada año gana más espacio en panaderías, hogares y mesas que buscan revivir costumbres hermosas.

Y sí: trae sorpresa adentro.
Quien encuentra la figura del niño Jesús, será “el rey” del día… o el encargado de la próxima reunión familiar.

Receta del Roscón de Reyes 

Ingredientes:

  • 500 g de harina de trigo

  • 80 g de azúcar

  • 2 huevos

  • 100 ml de leche tibia

  • 80 g de mantequilla

  • 10 g de levadura

  • Ralladura de naranja y limón

  • Frutas confitadas

  • Huevo batido (para barnizar)

  • Una figura o sorpresa

  • Opcional: agua de azahar

Preparación resumida:

  1. Mezclar harina, azúcar, ralladuras y levadura.

  2. Añadir huevos y leche tibia; amasar.

  3. Incorporar la mantequilla hasta obtener una masa suave.

  4. Reposar una hora hasta que duplique tamaño.

  5. Formar un aro, colocar la sorpresa dentro y decorar con frutas.

  6. Reposar 30 minutos más.

  7. Barnizar con huevo y hornear a 180°C por 25–30 minutos.

El resultado: un círculo de tradición, aroma y unión familiar.

La Navidad no termina… se transforma

El Día de Reyes nos recuerda que la magia no se apaga el 24 ni el 31. Se queda en los pequeños gestos:
un pan dulce compartido, una marca de tiza en la puerta, la sonrisa de un niño que aún cree, o el abrazo silencioso que pide un año mejor.

Porque aunque el tiempo pase, las costumbres que nos unen siguen siendo un faro. Y en Venezuela –con sus sabores, su fe y su calidez– siempre habrá una razón para creer que lo bueno está por venir.

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